Descripción
Impulsado por el discurso de doña cuchara, el cuchillo se llenó de valor y le dijo:
—¡Demuestra que eres bueno en todo y enrolla tallarines!
La cuchara sopera, viendo al tenedor algo complicado, agregó:
—No tienes que hacerlo solo… Yo podría ayudarte.
—¡Estás loca! —le replicó el tenedor—. Cuando se trata de ayuda, soy yo quien le presta servicios al cuchillo para afirmar los trozos de comida que debe cortar. ¡Yo no necesito ayuda!
Tenedor Mayor podía con todo: carnes rebeldes, pasteles delicados, arándanos escurridizos… ¡hasta batía huevos si el batidor se distraía! Famoso por su elegancia y precisión, era invencible. O casi…
Entre enredos, ideas disparatadas y un desafío que pondrá a prueba su orgullo, esta historia revela que incluso los más expertos pueden descubrir algo inesperado si se atreven a intentarlo.





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