Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres

Autor(es): Von Uexküll, Jacob
Editorial: Cactus
Año: 2022
Ciudad: Buenos Aires

Tal vez no haya habido, en la historia del pensamiento del siglo que pasó, un libro tan leído y “agenciado” como propio por los filósofos. Y esto se vuelve aún más notable por el hecho de que se trata de un libro escrito por un no-filósofo. En efecto, estas “andanzas”, del etólogo estonio-alemán, fueron celebradas por sus contemporáneos Cassirer, Heidegger, Husserl, Ortega y Gasset, luego por Merleau-Ponty, Canguilhem, etc., más cerca por Deleuze, Lacan, Sloterdijk, Agamben, Latour.

Andanzas que describen los mundos animales, pero no a partir del sujeto humano como referencia primera y última, sino a partir de sí mismos. ¿Cómo es posible? Solo a través de la invención de un concepto, el de mundo circundante, el cual implica un enorme esfuerzo por aprehender objetivamente, y no antropológicamente, la existencia y la vida de los animales.
La distinción clave es entre los mundos circundantes, esas especies de burbujas donde cada ser es rey, territorio donde siempre resulta triunfador, donde el animal actúa y percibe conforme al plan de la naturaleza; y el entorno más amplio, en el que comúnmente nos perdemos en una señalética profusa y confusa, donde el signo se escinde de la cosa, y donde a fin de cuentas siempre perdemos, perdemos nuestro mundo circundante.

Las consecuencias de este concepto son incalculables, y exceden el gran golpe que en su tiempo significó, como parte de la batalla que libraba la biología contra la fisiología y el evolucionismo. Por eso el fervor de los filósofos. Pero también las infinitas derivas ético-políticas de vislumbrar, por ejemplo, las andanzas de una pequeña garrapata: Toda la riqueza del mundo en torno de la garrapata se contrae y transmuta en un cuadro menesteroso, que consiste principalmente de apenas tres signos perceptuales y tres signos efectuales –su mundo circundante–. La pobreza del mundo circundante, sin embargo, garantiza certeza en el obrar, y la certeza es más importante que la riqueza.

Prólogo Juan Manuel Heredia

Traducción Marcos Guntin

162 páginas

$15.300

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Descripción

Tal vez no haya habido, en la historia del pensamiento del siglo que pasó, un libro tan leído y “agenciado” como propio por los filósofos. Y esto se vuelve aún más notable por el hecho de que se trata de un libro escrito por un no-filósofo. En efecto, estas “andanzas”, del etólogo estonio-alemán, fueron celebradas por sus contemporáneos Cassirer, Heidegger, Husserl, Ortega y Gasset, luego por Merleau-Ponty, Canguilhem, etc., más cerca por Deleuze, Lacan, Sloterdijk, Agamben, Latour.

Andanzas que describen los mundos animales, pero no a partir del sujeto humano como referencia primera y última, sino a partir de sí mismos. ¿Cómo es posible? Solo a través de la invención de un concepto, el de mundo circundante, el cual implica un enorme esfuerzo por aprehender objetivamente, y no antropológicamente, la existencia y la vida de los animales.
La distinción clave es entre los mundos circundantes, esas especies de burbujas donde cada ser es rey, territorio donde siempre resulta triunfador, donde el animal actúa y percibe conforme al plan de la naturaleza; y el entorno más amplio, en el que comúnmente nos perdemos en una señalética profusa y confusa, donde el signo se escinde de la cosa, y donde a fin de cuentas siempre perdemos, perdemos nuestro mundo circundante.

Las consecuencias de este concepto son incalculables, y exceden el gran golpe que en su tiempo significó, como parte de la batalla que libraba la biología contra la fisiología y el evolucionismo. Por eso el fervor de los filósofos. Pero también las infinitas derivas ético-políticas de vislumbrar, por ejemplo, las andanzas de una pequeña garrapata: Toda la riqueza del mundo en torno de la garrapata se contrae y transmuta en un cuadro menesteroso, que consiste principalmente de apenas tres signos perceptuales y tres signos efectuales –su mundo circundante–. La pobreza del mundo circundante, sin embargo, garantiza certeza en el obrar, y la certeza es más importante que la riqueza.

Jacob Von Uexküll (1864-1944) es un biólogo y filósofo estonio de origen alemán cuya obra florece durante la primera mitad del siglo XX. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial pierde toda su fortuna y pasa a ser profesor en la Universidad de Hamburgo, donde funda el Institut für Umweltforschung (Instituto para la investigación del medio ambiente). Ampliamente reconocido en el campo de la zoología, sus contribuciones fueron decisivas para el desarrollo de la investigación del comportamiento animal (etología animal) y se le reconocen importantes aportes en el campo de la ecología. Centralmente, Uexküll logra redefinir los conceptos a partir de los cuales comprender las relaciones entre etología y ecología.

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