Antología (Carlos de Rokha)

Autor(es): de Rokha, Pablo
Editorial: Ediciones UV
Año: 2022
Ciudad: Valparaíso

La obra de Carlos de Rokha constituye una propuesta poética de una intensidad y consistencia únicas. Los pocos y fervientes lectores que se han adentrado en sus páginas no han quedado indiferentes ante la visionaria voz de un poeta que vivió la poesía como una forma de conocimiento y que la ponderó como «la más alta experiencia que el hombre puede realizar sobre la Tierra». Recibido con asombro por los poetas del 38 y del 50, De Rokha desplegó una poética inconfundible, en la que se palpa la presencia de «un verdadero demonio poético, poseído de furor verbal genuino y de una especie de infalible sentido de la unión libre de las palabras», como lo reconoció Enrique Lihn, y como lo expresa la propia voz poética presente en sus textos: «Igual a mí mismo voy lleno de fugaces poderes e irreparables pérdidas». Más allá del estigma de poeta maldito y del vínculo que se ha establecido entre la dimensión alucinatoria de sus textos y su tormentosa trayectoria vital –signada por las crisis psiquiátricas– la fuerza y singularidad de su obra la convierten en un hito insoslayable dentro de la poesía chilena. La presente antología reúne por primera vez una muestra sustancial de la obra de Carlos de Rokha e incluye tanto parte de su obra inédita como de la desperdigada en revistas y otros soportes. Con selección, prólogo y notas de Cristián Jofré, ilustraciones de José de Rokha y textos de Enrique Lihn, Pablo de Rokha, Mahfúd Massís y Teófilo Cid a modo de epílogos, este libro entrega a las actuales generaciones una visión desconocida y panorámica de una poesía deslumbrante que, en palabras de Jofré, está atravesada por «una inocencia, una pureza de objetivos y planteamientos que no parecen sino expuestos desde la sinceridad más extrema, de quien no teme los riesgos, las consecuencias de tal apuesta».

Prólogo, notas y cronología de Cristián Jofré

Selección de Cristián Jofré y Ernesto Pfeiffer

Epílogos de Enrique Lihn, Pablo de Rokha, Mahfúd Massis y Teófilo Cid.

Ilustraciones de José de Rokha

$10.000

Agotado

Descripción

La obra de Carlos de Rokha constituye una propuesta poética de una intensidad y consistencia únicas. Los pocos y fervientes lectores que se han adentrado en sus páginas no han quedado indiferentes ante la visionaria voz de un poeta que vivió la poesía como una forma de conocimiento y que la ponderó como «la más alta experiencia que el hombre puede realizar sobre la Tierra». Recibido con asombro por los poetas del 38 y del 50, De Rokha desplegó una poética inconfundible, en la que se palpa la presencia de «un verdadero demonio poético, poseído de furor verbal genuino y de una especie de infalible sentido de la unión libre de las palabras», como lo reconoció Enrique Lihn, y como lo expresa la propia voz poética presente en sus textos: «Igual a mí mismo voy lleno de fugaces poderes e irreparables pérdidas». Más allá del estigma de poeta maldito y del vínculo que se ha establecido entre la dimensión alucinatoria de sus textos y su tormentosa trayectoria vital –signada por las crisis psiquiátricas– la fuerza y singularidad de su obra la convierten en un hito insoslayable dentro de la poesía chilena. La presente antología reúne por primera vez una muestra sustancial de la obra de Carlos de Rokha e incluye tanto parte de su obra inédita como de la desperdigada en revistas y otros soportes. Con selección, prólogo y notas de Cristián Jofré, ilustraciones de José de Rokha y textos de Enrique Lihn, Pablo de Rokha, Mahfúd Massís y Teófilo Cid a modo de epílogos, este libro entrega a las actuales generaciones una visión desconocida y panorámica de una poesía deslumbrante que, en palabras de Jofré, está atravesada por «una inocencia, una pureza de objetivos y planteamientos que no parecen sino expuestos desde la sinceridad más extrema, de quien no teme los riesgos, las consecuencias de tal apuesta».

Carlos de Rokha (Valparaíso, 1920 – Santiago, 1962) Poeta y artista, hijo de dos ilustres poetas —Winétt y Pablo de Rokha—, cultivó desde joven un estilo propio e inconfundible. Su poesía, poblada de imágenes alucinadas y fulgurantes, transita del delirio profético hacia un lenguaje de hondas reminiscencias nostálgicas y terrestres. Se relacionó con los poetas del 38 y del 50 y participó tangencialmente del grupo Mandrágora. Publicó sus poemas y ensayos en la revista Multitud, fundada por sus padres. Además de escribir se dedicó a la pintura, y sus estudios formales fueron diversos e irregulares: pasó por el Instituto Secundario de Bellas Artes, luego por la Escuela de Artes Aplicadas —periodo en el que realizó una exposición de sus obras visuales— y más tarde por el Instituto de Filosofía en Córdoba. Viajero infatigable, además de residir en distintos periodos de su vida en Argentina, vivió un tiempo en Uruguay y recorrió Chile de punta a cabo. En estos periplos trabajó como redactor en algunos medios periodísticos, como Noticias Gráficas de Magallanes en Punta Arenas, y El Ariqueño en Arica. Dejó dos libros publicados en vida, Cántico profético al primer mundo (1944) y El orden visible (1956). Este último fue su proyecto de obras completas, del que sólo alcanzó a publicar el primer volumen, con poemas de la década de 1934 a 1944. A estos dos títulos se suman otros dos, publicados póstumamente: Memorial y llaves (1964) y Pavana del gallo y el arlequín (1967). Aún inéditos, ambos poemarios recibieron el Premio de los Juegos Municipales Gabriela Mistral. Falleció, en 1962, por una intoxicación de medicamentos y alcohol, a los cuarenta y dos años. Su temprana partida dejó mucho material inédito, y si bien su trayectoria vital fue breve, la particularísima poética que cultivó en sus textos causó honda impresión en sus lectores y compañeros de ruta, a la vez que fijó su destino de poeta iluminado y oculto.

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