El paciente, el terapeuta, el Estado

Autor(es): Roudinesco, Elisabeth
Editorial: Siglo XXI
Año: 2005
Ciudad: Buenos Aires

El charlatán es una figura tan antigua como Occidente. Adivinos, encantadores de serpientes, magos y hechiceros perduran hasta el presente e incluso pugnan con los llamados hombres de ciencia. En Francia, después que el Estado emprendió el control de los tratamientos de salud mental, psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos y psicoterapeutas se acusaron mutuamente de ser los responsables de la inseguridad que invadió a los pacientes. Y fue en vano que la fuerza pública procurara establecer un acuerdo y calmara los ánimos con una profusión de procedimientos de peritaje fundados sobre principios supuestamente científicos.En suma, los criterios clínicos tambalean y los pacientes no saben más a qué santo consagrarse. En cuanto al Estado, que corre con un garrote en la mano detrás de los charlatanes, tiene dificultades para diferenciar medicinas paralelas, sectas, psicoterapias y nuevos métodos, a riesgo de convertirse en promotor de confusiones o fraudes. ¿Cómo evitar esta aporía? Elisabeth Roudinesco propone conciliar el principio de libertad en virtud del cual se reivindica el derecho personal de escoger a un terapeuta, y el principio de seguridad, en nombre del cual se exige ser protegidos de los impostores.

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Descripción

El charlatán es una figura tan antigua como Occidente. Adivinos, encantadores de serpientes, magos y hechiceros perduran hasta el presente e incluso pugnan con los llamados hombres de ciencia. En Francia, después que el Estado emprendió el control de los tratamientos de salud mental, psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos y psicoterapeutas se acusaron mutuamente de ser los responsables de la inseguridad que invadió a los pacientes. Y fue en vano que la fuerza pública procurara establecer un acuerdo y calmara los ánimos con una profusión de procedimientos de peritaje fundados sobre principios supuestamente científicos.En suma, los criterios clínicos tambalean y los pacientes no saben más a qué santo consagrarse. En cuanto al Estado, que corre con un garrote en la mano detrás de los charlatanes, tiene dificultades para diferenciar medicinas paralelas, sectas, psicoterapias y nuevos métodos, a riesgo de convertirse en promotor de confusiones o fraudes. ¿Cómo evitar esta aporía? Elisabeth Roudinesco propone conciliar el principio de libertad en virtud del cual se reivindica el derecho personal de escoger a un terapeuta, y el principio de seguridad, en nombre del cual se exige ser protegidos de los impostores.

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