Hiperstición. CCRU

Autor(es): VV.AA.
Editorial: Materia Oscura
Año: 2022
Ciudad: Segovia

En una carta a Oskar Pollak fechada en 1904, Kafka dice que “un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado que albergamos dentro de nosotros”. En el gremio filosófico estamos acostumbrados a encontrarnos libros que son más bien lo contrario, marmóreas placas de hielo que se extienden en un páramo ártico hasta fundirse con el azul del cielo. Hiperstición, por su parte, se asemeja sin duda al hacha, no solo por la contundencia, casi taxativa, de sus declamaciones, sino porque en tanto que herramienta, el hacha que viene a desquebrajar el hielo, no aparece por sí misma, por mero efecto de la solidificación del agua, sino que exige la actividad proactiva de aquel que la empuña y ase del mango. Pero es que, además, la imagen invernal del compacto hielo sugiere la idea de esa unidad, límpida y perfecta, que tanto se han afanado los filósofos en lograr, esa arquitectura euclidiana, casi totémica, el sanctasanctórum de la verdad, en la que son registrados, tasados y almacenados todos los fenómenos, físicos o metafísicos, de la existencia. La hiperstición puede entenderse como un hacha o azada no solo porque quiebra la quietud pascual de ese hielo mediante un racimo de pluralidades anónimas y modos de reflexión poco ortodoxos, sino porque los macizos golpes que demos con este instrumento sobre la densa nieve pueden descubrirnos ancestrales horrores, como le ocurrió a William Dyer —el protagonista lovecraftiano— en la Meseta de Leng. Una vez removida la nívea nieve no encontrará uno una cristalina losa en que ver su rostro reflejado, sino un totum revolutum de anonimatos, egos desmembrados, una pasmosa ausencia de nombres propios o, por decirlo con palabras de Hiperstición, una inquietante inexistencia de irrupciones edípicas.

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Descripción

En una carta a Oskar Pollak fechada en 1904, Kafka dice que “un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado que albergamos dentro de nosotros”. En el gremio filosófico estamos acostumbrados a encontrarnos libros que son más bien lo contrario, marmóreas placas de hielo que se extienden en un páramo ártico hasta fundirse con el azul del cielo. Hiperstición, por su parte, se asemeja sin duda al hacha, no solo por la contundencia, casi taxativa, de sus declamaciones, sino porque en tanto que herramienta, el hacha que viene a desquebrajar el hielo, no aparece por sí misma, por mero efecto de la solidificación del agua, sino que exige la actividad proactiva de aquel que la empuña y ase del mango. Pero es que, además, la imagen invernal del compacto hielo sugiere la idea de esa unidad, límpida y perfecta, que tanto se han afanado los filósofos en lograr, esa arquitectura euclidiana, casi totémica, el sanctasanctórum de la verdad, en la que son registrados, tasados y almacenados todos los fenómenos, físicos o metafísicos, de la existencia. La hiperstición puede entenderse como un hacha o azada no solo porque quiebra la quietud pascual de ese hielo mediante un racimo de pluralidades anónimas y modos de reflexión poco ortodoxos, sino porque los macizos golpes que demos con este instrumento sobre la densa nieve pueden descubrirnos ancestrales horrores, como le ocurrió a William Dyer —el protagonista lovecraftiano— en la Meseta de Leng. Una vez removida la nívea nieve no encontrará uno una cristalina losa en que ver su rostro reflejado, sino un totum revolutum de anonimatos, egos desmembrados, una pasmosa ausencia de nombres propios o, por decirlo con palabras de Hiperstición, una inquietante inexistencia de irrupciones edípicas.

LOS AUTORES

La Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (CCRU por sus siglas en inglés) fue un colectivo interdisciplinario fundado en 1995 en el departamento de filosofía de la Universidad de Warwick, encabezado por Sadie Plant y posteriormente por Nick Land.

Hiperstición supone un atentado contra el pensamiento humano hegemónico. La actividad hipersticional abraza la teoría-ficción de la mano de la epojé pirrónica (o acreencia), en un movimiento posthumanista que tiene como objetivo una producción cultural liberada del corsé de la razón, en aras de explorar de forma desinhibida la realidad. Un estrambótico viaje a través de la ciencia ficción, la cibernética, el ocultismo o incluso la teología, cuyo núcleo articulador es siempre el mismo: ficciones que se hacen reales a sí mismas.

De esta manera, el presente volumen se aproxima tanto al escrutinio filosófico de vanguardia como a la experiencia religiosa, regando las semillas de una catatonia espeluznante. No sorprende si se tiene en cuenta la heráldica de Hiperstición, ya que es familiar directo de los Escritos del CCRU, más aún, es prácticamente la linfa que recorre las arterias de aquella secta filosófica, pero así como la sangre coagula y nutre la tierra en que cae, así también Hiperstición tiene vida propia; es el hálito capaz de vivificar al monstruoso gólem, pero a diferencia de este, que precisaba que le fuese introducido un pergamino en la boca con una orden para actuar, la hiperstición toma a los distintos usuarios y lectores como canales de su autoejecución, como un tórsalo que eclosiona bajo la piel humana.

Bajo el paraguas de las nuevas herramientas de producción anónima que ofrecía internet, la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética continuó su trabajo sobre su gran producción conceptual: la hiperstición. En el blog del mismo nombre, miembros del CCRU, así como personas afines, dieron rienda suelta a sus eclécticas especulaciones abriendo aún más su trabajo a la anonimidad y la pluralidad de voces, convirtiendo a Hiperstición en una obra abierta y sin autoría que opera más como una invitación a adentrarse en este tipo de prácticas teóricas que en un corpus estructurado a la manera de los tratados clásicos de filosofía. Recordemos que “el CCRU no existe, nunca ha existido y nunca existirá”.

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