Latinoamérica. Circuitos del Arte

Autor(es): Arte Al Límite
Año: 2018
Ciudad: Santiago

¿Cómo hablar de una generación de artistas? ¿Qué los aúna a todos? ¿Cuáles son sus intereses y/o características? Pueden ser algunas interrogantes que nos hacemos, en el universo de las artes visuales, cuando deseamos agrupar a un conjunto de artistas. En el contexto latinoamericano, las nuevas generaciones de creadores están dando de qué hablar. Al sentir la música electrónica, se mueven sin detenerse, buscan reconocimiento y espacios que les permitan mostrar su territorio estético y poético. Los noveles, versátiles, se imponen y se les debe abrir el camino. Presentan posturas, en algunas ocasiones, radicales; sus modos operatorios pueden llegar a ser novedosos hasta el punto de construir desde sus praxis personales una hornada con voz y accionar único y diferente.

Más allá de los localismos establecidos por los cánones de la sociedad cultural, vemos a un grupo de creadores que poseen en sus obras un lenguajes formal y conceptual universal. Todos están con su mira en su expansión territorial, donde los paradigmas estéticos van evolucionando en la mejoría de sus resultados finales.

Periodizar una generación se convierte en una necesidad imperiosa, por lo tanto, tomemos como punto de partida a artistas que nacieron a finales de los setenta hasta los noventa aproximadamente; versa sobre la existencia de una visualidad temporal que sienta las bases de un arte establecido en el nuevo milenio. Este texto, dedicado a esta nuevo grupo de artistas que florece y con los que logro identificarme (por cuestiones epocales) y con los que establezco un diálogo bien directo. Sus problemáticas y planteamientos como creadores, son las mismas pero desde mi punto de vista como crítico de arte y curador.

Esta producción emergente en América Latina, está bajo el signo lingüístico del pluralismo estético que exige la postmodernidad, momento en el que encontramos de todo en la viña del Señor: pintura, dibujo, instalaciones, performances, fotografía, entre otros. Cada modo de expresión que le facilitan a cada uno de ellos exteriorizar su nueva sensibilidad, al mismo tiempo que son capaces de mostrar que su paradigma estético-conceptual ha cambiado, sus miradas ahora se concentran hacia artistas internacionales e icónicos de la Historia del Arte; se inspiran y toman los elementos que más les interesa explotar en sus producciones. Nada es igual a nada, no existen parecidos. Latinoamérica deja de lado su concepto postcolonialista, somos independientes. Tenemos un arte original.

Son artistas que se caracterizan por establecer un lenguaje basado en sus problema internos, como una tendencia que se asume desde múltiples estrategias. A su vez, vemos en sus repertorios visuales historias reales contadas sin compromiso alguno; eso si, unos son más sutiles y otros más agudos y radicales. Son ciudadanos del mundo, que identifican incertidumbres importantes de la vida social, política o económica y, como entes creadores todo lo traducen desde sus más personales experiencias. Siendo así que nos ayudan como espectadores a pensar en otra dimensión de la teoría de la recepción y la sensorialidad.

Ellos, además, son hijos, de la “era digital”, por lo que en sus códigos de representación aparecen nuevos materiales, convirtiéndose la técnica y la tecnología en un factor primordial; también, se interesan más y cuidan el resultado final de sus trabajos, trasladando hacia un primer plano el valor estético de la obra de arte. Su repertorio de códigos se mueven hacía una conciencia más crítica de la realidad que les rodea y, como plantea la crítico de arte cubana Gabriela García Azcuy, pertenecen “a la era de la globalización cultural, no pueden entenderse como un arte de lo local separado de los escenarios y modos internacionales”.

El camino escogido por esta nueva hornada está trazado por una nueva realidad. Su contexto y las circunstancias son otras, es un capítulo escrito por ellos mismos. Somos cambiantes, estamos aquí y también allá. Somos hipsters “postmodernos” que bailamos al ritmo de la electrónica.

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Descripción

¿Cómo hablar de una generación de artistas? ¿Qué los aúna a todos? ¿Cuáles son sus intereses y/o características? Pueden ser algunas interrogantes que nos hacemos, en el universo de las artes visuales, cuando deseamos agrupar a un conjunto de artistas. En el contexto latinoamericano, las nuevas generaciones de creadores están dando de qué hablar. Al sentir la música electrónica, se mueven sin detenerse, buscan reconocimiento y espacios que les permitan mostrar su territorio estético y poético. Los noveles, versátiles, se imponen y se les debe abrir el camino. Presentan posturas, en algunas ocasiones, radicales; sus modos operatorios pueden llegar a ser novedosos hasta el punto de construir desde sus praxis personales una hornada con voz y accionar único y diferente.

Más allá de los localismos establecidos por los cánones de la sociedad cultural, vemos a un grupo de creadores que poseen en sus obras un lenguajes formal y conceptual universal. Todos están con su mira en su expansión territorial, donde los paradigmas estéticos van evolucionando en la mejoría de sus resultados finales.

Periodizar una generación se convierte en una necesidad imperiosa, por lo tanto, tomemos como punto de partida a artistas que nacieron a finales de los setenta hasta los noventa aproximadamente; versa sobre la existencia de una visualidad temporal que sienta las bases de un arte establecido en el nuevo milenio. Este texto, dedicado a esta nuevo grupo de artistas que florece y con los que logro identificarme (por cuestiones epocales) y con los que establezco un diálogo bien directo. Sus problemáticas y planteamientos como creadores, son las mismas pero desde mi punto de vista como crítico de arte y curador.

Esta producción emergente en América Latina, está bajo el signo lingüístico del pluralismo estético que exige la postmodernidad, momento en el que encontramos de todo en la viña del Señor: pintura, dibujo, instalaciones, performances, fotografía, entre otros. Cada modo de expresión que le facilitan a cada uno de ellos exteriorizar su nueva sensibilidad, al mismo tiempo que son capaces de mostrar que su paradigma estético-conceptual ha cambiado, sus miradas ahora se concentran hacia artistas internacionales e icónicos de la Historia del Arte; se inspiran y toman los elementos que más les interesa explotar en sus producciones. Nada es igual a nada, no existen parecidos. Latinoamérica deja de lado su concepto postcolonialista, somos independientes. Tenemos un arte original.

Son artistas que se caracterizan por establecer un lenguaje basado en sus problema internos, como una tendencia que se asume desde múltiples estrategias. A su vez, vemos en sus repertorios visuales historias reales contadas sin compromiso alguno; eso si, unos son más sutiles y otros más agudos y radicales. Son ciudadanos del mundo, que identifican incertidumbres importantes de la vida social, política o económica y, como entes creadores todo lo traducen desde sus más personales experiencias. Siendo así que nos ayudan como espectadores a pensar en otra dimensión de la teoría de la recepción y la sensorialidad.

Ellos, además, son hijos, de la “era digital”, por lo que en sus códigos de representación aparecen nuevos materiales, convirtiéndose la técnica y la tecnología en un factor primordial; también, se interesan más y cuidan el resultado final de sus trabajos, trasladando hacia un primer plano el valor estético de la obra de arte. Su repertorio de códigos se mueven hacía una conciencia más crítica de la realidad que les rodea y, como plantea la crítico de arte cubana Gabriela García Azcuy, pertenecen “a la era de la globalización cultural, no pueden entenderse como un arte de lo local separado de los escenarios y modos internacionales”.

El camino escogido por esta nueva hornada está trazado por una nueva realidad. Su contexto y las circunstancias son otras, es un capítulo escrito por ellos mismos. Somos cambiantes, estamos aquí y también allá. Somos hipsters “postmodernos” que bailamos al ritmo de la electrónica.

Adrián Villar Rojas | Argentina

Cristóbal Ochoa | Venezuela

Jorge Otero | Cuba

Philip Klawitter | Chile

Claudia Caffarena | Perú

Aisha Ascóniga | Perú

María José Benvenuto | Chile

Nieves Mac-Auliffe | Chile

Osiris Cisneros | Cuba

Maikel Domínguez | Cuba

Mareo Rodríguez | México

Entes | Perú

Alejandro Urrutia | Chile

Onay Rosquet | Cuba

José Ballivian | Bolivia

Genietta Varsi | Perú

Fernanda Avendaño | Chile

Luis Enrique | Perú

Pabli Stein | Argentina

André de Rose | Argentina

Mandy Anzelmo | Venezuela

Diana Medina | Colombia

Lisyanet Rodríguez | Cuba

Ignacio Urrutia | Chile

María Villanueva | Argentina

Erika Ordosgoitti | Venezuela

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