¿Cómo explica Simone Weil la fuerza?
En sus palabras, “la fuerza es lo que hace una cosa de cualquiera que le esté sometido. Cuando se ejerce hasta el extremo, hace del hombre una cosa en el sentido más literal: pues hace de él un cadáver”.
La fuerza transmuta lo vivo en una cosa, es decir, cosifica hasta la inamovilidad: la fuerza lo doblega todo. Para Weil nace entonces la idea de un destino ante el que los verdugos y las víctimas son igualmente inocentes, vencedores y vencidos hermanados en la misma miseria, puesto que “tan despiadadamente aplasta la fuerza, tan despiadadamente embriaga a quien la posee o cree poseerla. Sin embargo, nadie la posee verdaderamente”.
Para salir del mecanismo de la fuerza, de la violencia, de la guerra, es necesario, para Simone Weil, un esfuerzo de generosidad, el cual sin embargo difícilmente se ha visto en la historia de la humanidad.
Con estas y otras premisas, el seminario busca indagar en las nociones y categorías que Simone Weil elabora en su escritura y cómo esta dialoga con otras actuales como Alessandra Chiricosta y Elsa Dorlin, para abrir brechas en medio de estos momentos de rearticulación global de fuerzas económicas y políticas imperialistas.
Sesión 1 (13 de abril): El mecanismo de la fuerza
¿Cómo explica Simone Weil la fuerza? En sus palabras, “la fuerza es lo que hace una cosa de cualquiera que le esté sometido. Cuando se ejerce hasta el extremo, hace del hombre una cosa en el sentido más literal: pues hace de él un cadáver”. La fuerza transmuta lo vivo en una cosa, es decir, cosifica hasta la inamovilidad. Para Weil, antes de la fuerza, “había alguien, y, un instante más tarde, no hay nadie”. Así, la fuerza se dirime entre matar y matar-no-todavía. Ya sea como fuerza que mata o como fuerza suspendida que puede matar, la fuerza “de todos modos transforma al hombre en piedra”. Para Weil, “un hombre desarmado y desnudo contra el que se dirige un arma se convierte en cadáver antes de ser tocado”. Siguiendo a Weil en su lectura de la Ilíada, la fuerza lo doblega todo: nace entonces la idea de un destino ante el que los verdugos y las víctimas son igualmente inocentes, vencedores y vencidos hermanados en la misma miseria, puesto que “tan despiadadamente aplasta la fuerza, tan despiadadamente embriaga a quien la posee o cree poseerla. Nadie la posee verdaderamente”.
Sesión 2 (20 de abril): Hacia otro género de fuerza
En medio de la rearticulación de las fuerzas económico políticas globales, la pregunta por cómo dar combate bajo criterios impuestos por otros vuelve hoy a adquirir valor, tanto o más que ayer. Para Simone Weil, apelar a la
“invención del propio campo de batalla”, “moverse en diagonal”, “no exponer claramente los objetivos”, “no imitar al adversario”, “desplegar formas de opacidad”, etc., pareciera ser el lenguaje y las estrategias que una fuerza sin armas ante agresores armados (¿armados de qué, con qué?) puede ampliar las nociones y prácticas de otro tipo de fuerza. Así, es preciso repensar el juego de las fuerzas como algo activo, creativo y propositivo, donde la defensa no es solamente reactiva sino también armónica y ecosistémica: la defensa nunca es individual, sino la de un cuerpo colectivo.
Sesión 3 (27 de abril): Una fuerza geológica
Para salir del mecanismo de la fuerza, de la violencia, de la guerra, “es necesario un esfuerzo de generosidad que rompe el corazón”. Pero según Simone Weil, “difícilmente se ha visto tal generosidad en la historia de la humanidad. Si para Weil la fuerza lo abarca todo y cuando creemos poseerla es cuando más nos posee, ¿qué sería en este sentido lo propio de una fuerza propia? Defender y conservar lo propio quizás tenga relación con una cierta fuerza que radica en un conocimiento específico: lo propio, singular y común de cada campo de batalla y la capacidad que nos damos para la edificación de puntos, lugares y estrategias que permitan dinamizar la fuerza. Una fuerza propia, entonces, en tanto que fuerza geológica que es al mismo tiempo el lugar humano de repliegue donde se sigue elaborando, frente al poder físico del enemigo, la resistencia.
Sesión 4 (4 de mayo): La fuerza de la gracia
En una de sus últimas cartas, Simone Weil escribió: “Desde 1914 la guerra no se ha apartado nunca de mi pensamiento”. De igual modo, para Weil al centro del poema épico y bélico fundacional de Occidente que es la Ilíada de Homero, se encuentra la fuerza y su capacidad de someter tanto a vencedores como a vencidos. Sin embargo, por los resquicios del imperio de la fuerza se deja ver de manera transparente y casi milagrosa, la gracia: la compasión por la fragilidad humana, un peso que se contrapone a la fascinación de la fuerza. La gracia es la ley del movimiento descendente que, al igual que la piedad, nos permite desarrollar la capacidad de “alimentarnos de luz”, es decir, de la voluntad de no juzgar, puesto que “al juzgar rompo la relación que compone las cosas” y anulamos el principio de conservación que está siempre en relación con otros.



